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Birdcage Inn: Las putas de Kim Ki-Duk.

La estrategia del director Sur-Koreano es el sigilo, su discurso solapado en la solemnidad de lo cotidiano, es un respeto a las formas causales de la sociedad, por más horrendas o inquietantes sean. La prostitución, el abuso, la violencia contra la mujer, la familia; todo siempre desemboca en el amor. El amor como arte del cuerpo, que deriva en el alma por reflejo natural, más que por intenciones o sensaciones; las sensaciones se vuelven elementos visibles y carnales, casi siempre por necesidades de la sociedad; acaso las putas no son las heroínas que evitan el desenfreno total de la sociedad…

Birdcage_Inn_(1998)

Esta es la situación de Birdcage Inn, tercera película del director. Jin-a, una prostituta muy bella, que llega a Birdcage Inn a reemplazar a otra prostituta. Este motel, es mantenido por una familia completa, con un hijo (Hyun-woo) y una hija (Hye-mi). Si bien se desarrollan varias relaciones, al que me gustaría rescatar y a mi parecer la profunda del relato, es la que se da entre Jin-a y Hye-mi.

Jin-a, hermosa, su rostro trasmite ternura, y la ternura deriva en exigencia y violencia, es el sexo disfrazado de necesidad, o el amor disfrazado de sexo, o la necesidad disfrazada de amor, o simplemente la necesidad del sexo, el primer vicio que quiso salvarnos el cristianismo, sin fortuna; por eso se dice que es la profesión más antigua.

La realidad pura, para un relato, es inverosímil, es por esto que hay que ficcionalizarla, retocarla para que resulte verosímil, para que nos involucre; parecería que la belleza de Jin-a, responde a esta situación. Cuando los hombres vemos a una chica tan linda, en general, es inevitable fantasear con ella, es casi una responsabilidad disfrutarla con la mirada y la mente, y si la tenemos a disposición, nuevamente en general, sería muy complicado no abordar su cuerpo. Es lo que va pasando en la película, con cada hombre que pasa a su habitación, algo de nosotros participa en ese acto.

Ahora bien, que pasa con las mujeres. Hye-mi, representa a todas las mujeres, o más bien, la evolución en su personaje va representando la diversidad de sensaciones que afronta una mujer ante esta realidad (representación). Es la muestra clara de que los hombres afrontamos un mundo de sentimientos primitivo, primarios (regidos por el sexo), y es a través de la mujer que ampliamos este espectro a lo absoluto. Si vemos al amor como un mundo de sensaciones circular, Hye-mi, da la vuelta completa, hasta reencontrarse con el inicio que no ha cambiado, pero ella en este proceso sí.

Al final el mundo no cambia, los hombres con su necesidad, las mujeres con su devoción, y el amor cómo resultado, una bestia hambrienta, que se sacia con sexo e instantes de respeto.

 @di0genez

 

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